Poco dura la dicha en la casa del pobre, dice el refrán popular, y así ha sido en el caso de los trabajadores despedidos por Sapa-Alcoa en Noblejas que confiaban en la llegada de una nueva empresa, Alugón. Lo contamos en un reportaje en esta revista: la fábrica de Sapa-Alcoa planteó a primeros de año el cierre y el despido para 136 trabajadores, plan que rechazaron los sindicatos. La consejería de Trabajo puso como condición para autorizar este expediente el que hubiera acuerdo con los trabajadores y éstos a su vez que se encontrase una nueva empresa para continuar la actividad en la planta de Noblejas. Alcoa encontró a Alugón, empresa de aluminio que se comprometió a invertir 28 millones de euros, crear 250 empleos y recolocar a unos 30 de la antigua fábrica. Así, finalmente la autoridad laboral dio el visto bueno a los despidos masivos, tras el acuerdo de trabajadores y sindicatos, y Sapa-Alcoa echó el cierre. Pero Alugón no se instala en Noblejas, dice que ha tenido una oferta mejor en Móstoles. Están los tiempos como para fiarse. No me extraña que el responsable de la Federación de Construcción y Madera de CCOO, Ugena, se muestre cauteloso con la sugerencia que ha hecho la consejera de Trabajo de reducir jornada laboral y el salario para mantener los empleos en las industrias de puertas de Villacañas. El sindicato, de aceptar esta propuesta (que deben decidir los trabajadores), exige que se creen controles para evitar que estos recortes sirvan para aumentar los beneficios de las empresa o, peor, para financiar a medio plazo los despidos de los trabajadores. Desconfianza es también la que están sembrando las entidades financieras, que no sueltan un duro (y eso que los dan a diez pesetas), a pesar de que el Gobierno ha corrido para inyectarles el dinero -público- que hiciera falta. Tampoco es que corran los bancos a trasladar a sus clientes las rebajas del euríbor. Así las cosas, el capitalismo se refundará, pero dudo mucho que se note en la casa del pobre.
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