| aplausos dirigidos |
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| Ignacio Arizaga |
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| Ignacio Arízaga |
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Raquel Morcillo,la cantante toledana que participó en el programa “A tu vera”, se ha presentado a un casting para Antena-3 en el que buscan gente con desparpajo. Al cierre de esta edición todavía no le habían contestado, pero parece ser que Raquel hizo gala allí de su cualidades para el mundo del espectáculo, y es que ella quiere trabajar en televisión.
Este casting ha coincidido con la presencia de la cantante toledana en otro programa de esa cadena, “El diario”, donde fue a apoyar a un familiar en un litigio que mantiene con otros familiares.
En este programa de televisión, como en todos, los aplausos del público no son espontáneos, hay un señor que levanta un cartelito para que los espectadores junten palmas y hagan ruido, algo que no deja de ser chirriante, ya que todo está dirigido, por lo que pierde credibilidad.
Esto no lo digo por el programa al que fue Raquel Morcillo sino por reflexionar como está la televisión, en general, y esa tendencia que hay en algunos platós a convertir a los espectadores en borregos, como si ya les estuvieran haciendo un favor por el mero hecho de dejarles visitar el sitio, porque en algunos programas el público cobra, pero en la mayoría no.
Estaría bien, desde luego, que un día se presentaran un grupo de espectadores rebeldes y pasaran totalmente del señorito del cartelito, aplaudiendo cuando les viniera en gana, no cuando lo dijera el representante de la productora. Así se respetaría algo a los televidentes, que no son tontos.
A otra cosa. Este fin de semana viene al Teatro de Rojas un actor que se ha convertido en personaje del mundo del corazón. Se trata de Juan Ribó, que ahora es novio de Pastora Vega. La obra se llama “Tantas voces”.
A Ribó le ha venido bien este asunto. Lo importante es que hablen de uno.
¿Por qué estaba tan feliz el concejal Rafael Perezagua en la cena-aniversario de la Peña 1903 del Atlético de Madrid, en ese cigarral toledano?. Pues porque es colchonero furibundo, atlético hasta las últimas consecuencias, vamos, que estaba allí en la gloria.